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Cuento 5: La biblioteca infinita

Sigue a la joven Miranda mientras descubre un mundo fascinante y transformador a través de un recorrido por la pequeña biblioteca de su pueblo.
Pista del cuento «La biblioteca infinita».

La biblioteca infinita

La biblioteca del pueblo de Miranda era un espacio pequeño, frío y poco visitado. Sin embargo, a través de los ojos de la niña, el lugar se tornaba un gran rompecabezas en el que todas las piezas encajaban entre sí.

Nadando, Miranda cruzaba por la sección de aventuras; con una lupa, resolvía todos los misterios. Incluso, más de una vez se dejaba enredar por los cabellos de un poema. De sus versos, extrajo que la risa y la pena son emociones únicas, pero comunes a todas las personas; y se alegró al ver que formaba parte de una comunidad tan grande.

Viajó en el tiempo y conoció a otras niñas de su edad. Su corazón latía fuerte, joven, y no pudo evitar enamorarse de un sinfín de personajes. Sus besos eran de tinta, pero Miranda se había acostumbrado al sabor.

La ciencia, el universo… Miranda sentía que su cuerpo y su mente se dividían para volver a fundirse en una supernova.

Conoció a la Muerte, y libro a libro, aprendió a mirarla a los ojos. Tras esta valiosa lección, abandonó la oscuridad y quiso estudiar idiomas. Entonces, la biblioteca multiplicó su tamaño.

Por dos. Por tres. Por cien. Como una matrioshka que funcionaba al revés.

En ocasiones, el polvo de un libro la hacía estornudar.

—¿Cómo te han dejado solito durante tanto tiempo? —le decía con ternura.

Después, se lo leía dos veces.

Así, Miranda conoció el poder de las palabras. El bien y el mal que podían causar. Y sabía que, en unos minutos, tres palabras estaban a punto de poner su viaje en pausa:

CERRADO, ¡vuelva mañana!

En la calle volvió el frío. El ruido de los coches. Las fugaces conversaciones de la gente.

Y como todas las tardes, Miranda llegó a casa en silencio. Su padre y su madre la recibieron desde el sofá, iluminados únicamente por la pantalla del televisor. Las palabras no fluían entre ellos. Parecían construidas con los polos positivos de un imán, y eso a Miranda le dolía.

Por eso, no se demoró en llegar a su habitación. Allí abrió su libreta y comenzó a escribir sin descanso.

Palabra a palabra, idea tras idea, entrenaba cada tarde con un deseo en su corazón: reunir las fuerzas necesarias para salvar a su familia, la cual, un día y sin darse cuenta, había sido devorada por el reflejo de un seductor espejo negro.

¡FIN!

Ilustración del cuento «La biblioteca infinita».
Audiodescripción de las ilustraciones del cuento

Pista: la pieza más pequeña de una muñeca rusa —o matrioshka— está abierta, y de ella emerge la misma figura, pero más grande. Dicha figura mediana también está abierta y de su interior se levanta una tercera pieza de igual apariencia, pero todavía de mayor tamaño. Las tres representan a una niña leyendo, con los ojos y los pómulos grandes y redondos. En sus vientres está representado el capullo de una flor.

Ilustración: Miranda, sonriente y vestida con un jersey y una falda plisada que le llega por encima de las rodillas, recorre de izquierda a derecha una biblioteca llena de estanterías, columnas y barandas onduladas. La niña, retratada de perfil y con el pelo recogido en una coleta, porta dos libros en su brazo derecho, mientras que en la mano izquierda sostiene una lupa que irradia un haz de luz. Esa luz parece que le indica el camino que tiene que seguir. Frente a ella se levanta una vieja bola del mundo con un soporte de ruedas.

Al fondo, otra niña pasea de derecha a izquierda. Lleva una falda plisada, un jersey y una coleta. Carga con varios libros y sostiene una lupa que proyecta una luz que le indica el camino. En el piso de arriba, otra niña está leyendo un libro apoyada en la barandilla y dando la espalda a un ventanal. También lleva un jersey y una falda plisada por encima de la rodilla. Hay dos niñas más, una en el piso de arriba aupándose para extraer un libro de una estantería y otra en el piso de abajo, entre unas cortinas. Sin duda, esta es una biblioteca infinita.

Antes de terminar, recuerda que el estilo visual de las pistas y las ilustraciones está descrito en este enlace.

Autor y © del proyecto y los textos: Miguel Ángel Font Bisier