Durante años hemos defendido que la accesibilidad audiovisual no es solo un conjunto de técnicas, sino una forma de entender el cine. Pero las convicciones necesitan datos que las respalden. Por eso, entre febrero y marzo de 2025, decidimos medir con rigor qué ocurre cuando alguien ve nuestra película Inclusión – Más allá del cine. Los resultados confirman algo que intuíamos: existe una brecha entre querer hacer las cosas bien y saber cómo hacerlas.

Metodología: cómo medimos el cambio
Junto con Josep Solves, de la Universidad CEU Cardenal Herrera, aplicamos un cuestionario estructurado antes y después del visionado de la película a 72 personas que aceptaron participar voluntariamente. El instrumento evaluaba cuatro dimensiones mediante 20 preguntas en escala Likert de 5 puntos:
- Conocimiento técnico (7 ítems),
- Comprensión del impacto (2 ítems),
- Actitudes y creencias (6 ítems),
- Intención conductual (5 ítems).
Este diseño pre-post nos permitía comparar las respuestas de cada participante antes y después, midiendo así el cambio atribuible a la experiencia de visionado.
Quiénes participaron
Conocer el perfil de los participantes es esencial para interpretar los resultados.
La muestra estuvo compuesta mayoritariamente por mujeres jóvenes: el 77.8% fueron mujeres (56 participantes), el 19.4% hombres (14 participantes), con una edad media de 21.1 años. El participante más joven tenía 18 años y el mayor 52, aunque la mediana de 19 años confirma que la mayoría eran estudiantes universitarios o recién incorporados al mundo laboral.
En cuanto a discapacidad, el 90.3% (65 personas) declaró no tenerla, mientras que el 5.6% (4 personas) sí, reportando discapacidad física, visual y autismo. Un participante prefirió no especificar.
Lo más relevante es que casi la mitad de los participantes ya tenía conexión con nuestro ámbito: el 26.4% (19 personas) estaba familiarizado con el sector de la discapacidad y el 15.3% (11 personas) trabajaba o estudiaba en cultura y comunicación. En total, el 44.5% de la muestra tenía vinculación previa con los sectores relacionados con la accesibilidad audiovisual.
Antes del visionado: sensibilización sin herramientas
El análisis de las respuestas iniciales reveló un patrón que define perfectamente el estado actual de la accesibilidad audiovisual.
1. Conocimiento técnico: el gran vacío. Las puntuaciones en esta dimensión fueron sistemáticamente bajas, concentrándose en 1-2 puntos de 5. Cuando preguntamos «¿sabrías hacer una audiodescripción?» o «¿sabrías implementar subtítulos accesibles?», la respuesta mayoritaria fue un rotundo no. Incluso participantes que trabajaban en el sector de la discapacidad admitieron desconocer cómo aplicar estas herramientas.
La falta de conocimiento se extendía también a aspectos más conceptuales: la mayoría desconocía las normativas específicas, no tenía claro el proceso de creación y distribución de una película accesible, y carecía de información sobre desafíos y oportunidades en el sector.
2. Actitudes: convicción sin acción. En contraste absoluto, las actitudes iniciales fueron altamente favorables, con puntuaciones de 4-5 puntos. Los participantes manifestaron:
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Elevada preocupación por cómo la falta de accesibilidad limita el acceso a la información para personas con discapacidad
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Fuerte rechazo a considerar la inclusión audiovisual como mera estrategia de marketing
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Alta sensibilización hacia las dificultades que enfrentan las personas con discapacidad
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Convicción de que la accesibilidad audiovisual es necesaria porque enriquece la experiencia para todos
3. Intención conductual: ganas de sobra. La disposición a informarse más, participar en eventos, consumir contenidos accesibles y modificar comportamientos cotidianos también fue muy alta desde el inicio.
Este perfil dibuja una situación paradójica: personas que quieren contribuir a la accesibilidad audiovisual pero no saben cómo. La sensibilización ha calado, pero no se ha acompañado de la transferencia de conocimiento necesaria para traducirla en acción.

Después del visionado: conocimiento que transforma
Las respuestas posteriores mostraron cambios sustanciales en las cuatro dimensiones.
1. Conocimiento técnico: de 1-2 a 3-5. Los ítems sobre capacidad práctica experimentaron los incrementos más pronunciados. Participantes que inicialmente puntuaban 1-2 en preguntas sobre cómo hacer audiodescripción o implementar subtítulos accesibles pasaron a puntuar 3-4 o incluso 5 después de la película.
Este cambio no fue anecdótico: se observó en prácticamente todos los ítems de conocimiento técnico. De repente, los participantes tenían referencias concretas sobre herramientas, normativas, procesos de producción. La película había funcionado como un manual de instrucciones accesible.
2. El cambio conceptual más importante: cuándo integrar la accesibilidad. Uno de los hallazgos más significativos no fue cuantitativo sino cualitativo. Muchos participantes que inicialmente consideraban suficiente aplicar la accesibilidad en la fase de distribución (puntuaciones medias, 3-4) cambiaron radicalmente su perspectiva tras el visionado.
Después de la película, entendieron que la accesibilidad debe integrarse desde la concepción creativa del proyecto, no añadirse al final. Este cambio conceptual es precisamente el núcleo del modelo de cine inclusivo que defendemos desde Mi Cine Inclusivo: la accesibilidad no como proceso técnico separado, sino como dimensión integral de la creación audiovisual.
3. Actitudes consolidadas. Las actitudes favorables, que ya partían de valores altos, se reforzaron hasta niveles prácticamente máximos. Participantes que mostraban cierta ambivalencia en preguntas como «¿la inclusión audiovisual es solo marketing?» (puntuaciones medias) pasaron a rechazar completamente esta idea, puntuando 1. Habían visto con sus propios ojos que la accesibilidad es dignidad, es cultura, son derechos humanos.
4. Intención respaldada por capacidad. La disposición a actuar alcanzó valores máximos (5 puntos) en la mayoría de participantes. Pero la diferencia cualitativa respecto a la fase inicial es crucial: ahora esta intención está respaldada por conocimiento concreto sobre cómo materializarla.

Diferencias por perfiles
El análisis por subgrupos reveló matices interesantes:
Participantes familiarizados con discapacidad: Aunque mostraban conocimiento técnico inicial ligeramente superior, experimentaron cambios igualmente significativos en su comprensión sobre la integración de accesibilidad desde fases creativas. Esto sugiere que incluso profesionales con experiencia en el sector carecen de formación específica en accesibilidad audiovisual.
Participantes con discapacidad: El reducido tamaño muestral (n=4) limita las conclusiones, pero sus respuestas mostraron mayor conocimiento técnico inicial y una valoración especialmente positiva sobre cómo la película abordó barreras reales.
Por edad: Los más jóvenes (18-24 años) manifestaron mayor disposición inicial a modificar comportamientos, mientras que los de mayor edad mostraron mayor comprensión inicial del impacto en personas con discapacidad.
Qué significan estos datos
Los resultados tienen implicaciones directas para quienes trabajamos en accesibilidad audiovisual.
El déficit formativo es la barrera principal. La coexistencia de actitudes favorables e intención de actuar sin el correspondiente conocimiento técnico identifica claramente dónde está el problema. Las campañas de sensibilización, aunque necesarias, resultan insuficientes si no van acompañadas de formación práctica.
El cine como herramienta pedagógica. La magnitud de los cambios observados tras 90 minutos de visionado sugiere que el formato audiovisual es particularmente efectivo para transmitir este tipo de conocimiento. La capacidad del cine para combinar información conceptual, ejemplos prácticos y dimensión emocional puede explicar su efectividad superior a formatos puramente teóricos.
Cambiar el paradigma es posible. El cambio en la comprensión sobre cuándo debe integrarse la accesibilidad (creación vs. distribución) demuestra que es posible transformar concepciones arraigadas mediante contenidos bien diseñados. Superar el modelo de accesibilidad como «añadido técnico» y avanzar hacia el cine verdaderamente inclusivo no es una utopía.
Efecto multiplicador. Que el 44.5% de los participantes trabaje o estudie en sectores donde puede aplicar lo aprendido tiene consecuencias a largo plazo. Estamos formando a futuros profesionales de la cultura, la comunicación y la atención a la discapacidad que integrarán sistemáticamente la accesibilidad en su práctica profesional.

Limitaciones: lo que este estudio puede y no puede decir
La transparencia metodológica es fundamental. Este estudio tiene limitaciones que deben considerarse al interpretar los resultados:
Sesgo de autoselección. Los participantes accedieron voluntariamente, lo que probablemente implica un interés previo superior al de la población general. Esto explica las puntuaciones iniciales altas en sensibilización y limita la generalización a personas sin interés previo.
Sin grupo control. No podemos atribuir causalmente todos los cambios exclusivamente a la película. Parte del efecto podría deberse al propio cuestionario (reflexión inducida por las preguntas) o simplemente al paso del tiempo.
Muestra específica. La concentración de mujeres jóvenes universitarias (77.8% mujeres, edad media 21.1 años) limita la generalización. Los resultados podrían ser diferentes en muestras con mayor diversidad demográfica o educativa.
Deseabilidad social. Después de ver un documental sobre inclusión, algunos participantes pueden haber respondido lo que consideraban «correcto» más que lo que realmente piensan.
Intención vs. comportamiento. Medimos lo que los participantes dicen que harán, no lo que efectivamente hacen. La brecha entre intención y acción está ampliamente documentada y representa una limitación importante.
Sin seguimiento temporal. No sabemos si estos cambios persisten a los 3 o 6 meses. Un seguimiento longitudinal permitiría evaluar la estabilidad del aprendizaje y su traducción en comportamientos reales.
Dicho esto, los patrones observados son consistentes, la magnitud de los cambios es sustancial, y la muestra es representativa del público objetivo de este tipo de proyectos. Para un primer acercamiento, los resultados proporcionan evidencia valiosa que justifica investigaciones posteriores más robustas.
Conclusión: del conocimiento a la acción
Esta evaluación confirma algo fundamental: existe una población significativa que quiere contribuir a la accesibilidad audiovisual pero que carece de las herramientas para hacerlo. Inclusión – Más allá del cine logró cerrar esa brecha, proporcionando conocimiento técnico, transformando concepciones sobre cómo integrar la accesibilidad, y consolidando actitudes favorables con contenido operativo.
El cambio más relevante no es cuantitativo sino cualitativo: haber llevado a los participantes a comprender la accesibilidad no como técnica que se añade, sino como dimensión inherente a la creación cinematográfica. Ese cambio de mirada es el primer paso para construir una industria audiovisual verdaderamente inclusiva.
Los resultados también plantean un camino claro: complementar las estrategias de sensibilización con contenidos formativos que proporcionen conocimiento aplicable. El cine, por su capacidad para integrar información, práctica y emoción, constituye un vehículo especialmente adecuado para este propósito.
Seguiremos investigando, midiendo, mejorando. Pero estos datos nos confirman que vamos por el buen camino: cada proyección de Inclusión – Más allá del cine no es solo entretenimiento, es formación que transforma.
Sobre los datos: Los resultados completos están disponibles para investigadores, profesionales del sector audiovisual e instituciones educativas interesadas. Para consultas metodológicas, colaboraciones o información sobre cómo organizar proyecciones formativas, contacta con Mi Cine Inclusivo.











