En las últimas horas de su vida, Joaquín Rodrigo recibe la visita de un ángel que le ofrece un regalo imposible: regresar a cualquier momento de su pasado y recuperar la vista durante un día. ¿Qué instante elegiría alguien que aprendió a mirar el mundo a través de la música?
La última luz de Rodrigo
Este cuento nace desde la admiración y el respeto por la vida y obra del maestro Joaquín Rodrigo. Está inspirado en el epitafio grabado en su panteón:
«Mi vaso es pequeño, pero bebo en mi vaso».
Este relato puede leerse acompañado del adagio del Concierto de Aranjuez.

Horas antes de morir, un ángel se le apareció al maestro Joaquín Rodrigo. Era el seis de julio de 1999, y el calor que emanaba de aquella presencia se confundía con el verano madrileño. Sin embargo, Rodrigo tardó poco en notarla: un hormigueo en las yemas de sus dedos lo sobresaltó levemente. Era una sensación familiar, parecida a la que tantas veces había experimentado al componer su música.














