Una obra puede incorporar subtítulos, audiodescripción o lectura fácil y seguir dejando a las personas con discapacidad fuera de las decisiones importantes. El acceso al resultado es esencial, pero no agota el significado de la inclusión cultural.
Participar también puede significar crear, asesorar, interpretar, probar, validar, comunicar o evaluar. Cuando esas funciones se incorporan desde el inicio, la diversidad deja de ser un público abstracto y pasa a formar parte de la metodología del proyecto.
Tres dimensiones que conviene distinguir
Accesibilidad se ocupa de que los contenidos, espacios y servicios puedan ser comprendidos y utilizados por personas diversas.
Representación pregunta quién aparece en los relatos, con qué complejidad y desde qué mirada.
Participación observa quién interviene en las decisiones y en las funciones profesionales que hacen posible la obra.
Las tres dimensiones se relacionan, pero ninguna sustituye a las otras. Una producción puede representar la discapacidad y no ser accesible. También puede ser técnicamente accesible sin ofrecer oportunidades de participación en su proceso creativo.
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